LA DDM: UN LUGAR BASADO EN FE – Katja Riemann

Álvar me dio una llave. La llave de la puerta principal. Para ser independiente. Para formar parte de la comunidad de la DDM y del Centro Baraka en Nador. La llave abría ¡la puerta de la iglesia! Esto es realmente una experiencia que nunca olvidaré. ¡Guardé la llave de una IGLESIA en mi bolsillo!

Comienzo con esto, incluso si puede parecer irrelevante para el trabajo humanitario que pude presenciar durante mi corta pero intensa estancia, mas creo que es un buen ejemplo de la implicación, la confianza y la fe (sea religiosa o no), la inclusión de las personas en toda su diversidad, el humor y la reciprocidad de un grupo de personas a las que he podido llegar a conocer un poco. Personas que vienen de todo tipo de entornos, países, religiones, hablando multitud de lenguas, pero unidas sin manual de instrucciones, simplemente con alegría y llenos de energía y compromiso.

Esta comunidad de religiosos, agentes humanitarios, profesores, voluntarios, equipo médico, equipo psicosocial, etc… me ha marcado y enriquecido enormemente, porque pude ver la cercanía con la que trabajan y conviven. Una cálida acogida, amabilidad y brazos abiertos, era algo que nadie tenía que aprender. Las personas más vulnerables se mueven entre ellos, haciendo deporte en el patio, jugando al fútbol o a las damas, los niños en la guardería, sus madres en las actividades o sensibilizaciones… Son sus amigos, a los que apoyan y cuidan durante el periodo, corto o largo, de su estancia. Sin juicios, solamente preguntas cautelosas, sugerencias, ayuda médica, distribución de comida, de mantas o de productos sanitarios y el desarrollo de una magnífica app como REF AID: estas son las herramientas con las que se trabaja en el día a día.

“Sabes, Katja, está la política y está la ayuda humanitaria. Pero aquí no hacemos política, así que lo que podemos hacer es acompañar a seres humanos que están en camino. Estamos aquí para ellos, durante el tiempo que ellos decidan que quieren quedarse aquí. Eso es lo que podemos hacer”, me decía una de las muchas jóvenes. Y yo estuve de acuerdo; yo entendí.

Una sociedad puede medirse por la manera en la que trata a las personas más vulnerables, a esas en necesidad, cuyas historias son a veces difíciles de imaginar o incluso de escuchar. Queda en nuestras manos cómo queremos compartir nuestro conocimiento, nuestras posesiones o nuestra posición. Es posible, yo pude verlo. En Nador encontré un modelo a seguir de cómo podría llegar a ser una sociedad, y no parecía complicado. Es una cuestión de organización, ideas y amor. Y de humanidad.

Muchas gracias por recibirme. Compartiré lo que hacéis y arrojaré luz sobre ello, todo lo que me sea posible. Gracias por decir que tengo una casa en Nador.

Vuestra, Katja.

PD: Y sí, devolví la llave… 😊

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